Los higos son uno de los frutos más característicos del final del verano. Su sabor dulce, su textura y su corta temporada hacen que sean especialmente apreciados, tanto para consumir recién recogidos como para conservarlos y disfrutarlos durante más tiempo.
Aunque habitualmente hablamos del higo como un fruto, en realidad se trata de una estructura formada por numerosas flores diminutas que se desarrollan en su interior. Esta particularidad, junto con el ciclo de la higuera, convierte a los higos en un alimento lleno de curiosidades.

¿Cuándo es la temporada de los higos?
La temporada de los higos puede variar ligeramente según la variedad, el clima y la zona de cultivo. Generalmente, comienzan a madurar durante la segunda mitad del verano y pueden recolectarse desde finales de julio o principios de agosto hasta septiembre e incluso octubre en las zonas más cálidas.
Las temperaturas elevadas y la exposición al sol favorecen la maduración y la concentración de azúcares. Por este motivo, los higos recogidos directamente del árbol en su punto óptimo suelen tener un sabor especialmente dulce.
No todas las higueras producen sus frutos exactamente al mismo tiempo. Algunas variedades ofrecen una única cosecha de higos, mientras que otras pueden producir también brevas al inicio del verano.
Diferencias entre brevas e higos
Las brevas y los higos proceden de la misma higuera, pero corresponden a dos momentos diferentes de producción.
Las brevas se desarrollan a partir de frutos que comenzaron a formarse durante el año anterior y permanecieron en el árbol durante el invierno. Terminan de madurar entre finales de primavera y principios de verano. Suelen ser más grandes, menos dulces y algo más firmes que los higos.
Los higos, en cambio, se forman durante el mismo año y maduran principalmente a finales del verano. Normalmente son más pequeños, dulces y delicados.
Sin embargo, no todas las higueras producen ambas cosechas. Algunas variedades solamente dan higos, mientras que las higueras bíferas pueden producir primero brevas y, posteriormente, higos.
¿Cómo saber si un higo está maduro?
Los higos no continúan madurando correctamente después de ser recolectados, por lo que es importante esperar hasta que alcancen su punto adecuado en el árbol.
Un higo maduro presenta una textura ligeramente blanda al tocarlo, pero no debe estar excesivamente hundido ni deshecho. También suele inclinarse hacia abajo por su propio peso y desprenderse con facilidad al cogerlo suavemente.
El color depende de la variedad. Existen higos verdes, amarillentos, rojizos, marrones, morados o casi negros, por lo que no podemos guiarnos únicamente por su tonalidad. Es preferible observar conjuntamente su tacto, su posición y su aspecto general.
En algunos casos puede aparecer una pequeña gota dulce en la abertura situada en la base del higo. También pueden producirse pequeñas grietas en la piel cuando está muy maduro. Estas señales suelen indicar que ha alcanzado un buen nivel de dulzor, aunque deberemos comprobar que no presente fermentaciones, insectos o zonas deterioradas.
Cómo recolectar los higos
La recolección debe realizarse con cuidado, ya que los higos maduros son muy delicados y pueden dañarse fácilmente. Lo ideal es recogerlos durante las primeras horas de la mañana, cuando las temperaturas todavía son suaves.
Para separarlos de la rama, podemos sujetarlos con suavidad y girarlos ligeramente, evitando apretarlos. Conviene colocarlos en un recipiente poco profundo y sin acumular demasiadas capas para que el peso no aplaste los que quedan debajo.
La higuera produce un látex blanco que puede resultar irritante para algunas personas. Por este motivo, es recomendable utilizar guantes y evitar tocarse los ojos o la piel sensible durante la recolección.
Una vez recogidos, debemos revisar los higos y separar aquellos que estén demasiado maduros, abiertos o dañados. Al ser un alimento muy perecedero, conviene consumirlos o refrigerarlos lo antes posible.

Propiedades nutricionales de los higos
Los higos destacan por su contenido en hidratos de carbono y azúcares naturales, especialmente cuando están completamente maduros. Por este motivo, aportan energía y tienen un sabor mucho más dulce que otras frutas.
También contienen fibra, que contribuye al funcionamiento normal del sistema digestivo, además de minerales como el potasio, el calcio y el magnesio. Su composición incluye pequeñas cantidades de diferentes vitaminas y compuestos antioxidantes.
Los higos frescos contienen una proporción importante de agua. En cambio, cuando se secan, pierden gran parte de esa agua y sus nutrientes y azúcares quedan más concentrados. Por eso, los higos secos aportan más energía por la misma cantidad de producto que los frescos.
Como ocurre con cualquier alimento, lo más recomendable es consumirlos dentro de una alimentación variada y equilibrada.
Propiedades nutricionales de los higos
Los higos destacan por su contenido en hidratos de carbono y azúcares naturales, especialmente cuando están completamente maduros. Por este motivo, aportan energía y tienen un sabor mucho más dulce que otras frutas.
También contienen fibra, que contribuye al funcionamiento normal del sistema digestivo, además de minerales como el potasio, el calcio y el magnesio. Su composición incluye pequeñas cantidades de diferentes vitaminas y compuestos antioxidantes.
Los higos frescos contienen una proporción importante de agua. En cambio, cuando se secan, pierden gran parte de esa agua y sus nutrientes y azúcares quedan más concentrados. Por eso, los higos secos aportan más energía por la misma cantidad de producto que los frescos.
Como ocurre con cualquier alimento, lo más recomendable es consumirlos dentro de una alimentación variada y equilibrada.
Cómo aprovechar los higos durante la temporada
La mejor forma de disfrutar de los higos es consumirlos frescos y recién recogidos. Pueden comerse solos o combinarse con yogur, quesos, frutos secos, ensaladas y otros alimentos.
Cuando tenemos una producción abundante y no podemos consumirla inmediatamente, existen diferentes formas de alargar su aprovechamiento. Los higos pueden secarse, congelarse o utilizarse para preparar mermeladas, conservas, salsas y diferentes elaboraciones dulces o saladas.
La congelación modifica ligeramente su textura, por lo que, una vez descongelados, resultan más adecuados para cocinar, triturar o añadir a otras preparaciones que para consumirlos como si fueran frescos.
Secarlos es otra opción tradicional que permite conservarlos durante varios meses, siempre que el proceso se realice correctamente y posteriormente se guarden en un lugar seco y protegido.
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